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2 comments | domingo, marzo 19, 2006



Chuck Palahniuk ha llegado aquí y ahora. Y dice:

_ El problema de todas las historias es que se cuentan después de que hayan pasado.

Apaga el buscador y dice:

_ Hasta que llegué a casa no supe lo que había hecho.

Vuelve a encender el buscador y dice:

_ Hay gente que todavía piensa que el conocimiento es poder.

Se respira un aire caliente.

Y Chuck dice:

_ Cuando llegamos a un límite de tristeza, destruimos nuestro nido encantador y nos obligamos a regresar al mundo exterior. Pasas tiempo a solas, construyendo un mundo encantador donde puedas tenerlo absolutamente todo bajo control. Dejas que suene el teléfono. Que se acumulen los e-mails. Permaneces en el mundo de tu historia hasta que lo destruyes. Entonces regresas para estar con el resto de la gente.

Vuelvo a contar mi historia. Y él dice:

_ El problema de todas las historias es que se cuentan después de que hayan pasado.

Y leemos juntos un anuncio:

ATENCION, CLIENTES DEL ORACLE SUSHI PALACE

El anuncio dice:
“Si experimentan graves picores rectales causados por parásitos intestinales, pueden reunir las condiciones necesarias para entablar un pleito por demanda colectiva”.

Y empiezo a sofocarme. Tengo ganas de salir. De ir a cualquier lugar. Aquí y ahora.

Y dice:

_ El problema de las amistades basadas en la proximidad es que acaban por marcharse. Se despiden o los despiden.

Tiene los ojos inmensamente azules y sonríe y saco una foto. Y dice:

_ El único inconveniente de escribir es que estás solo.

Y yo cuento uno, cuento dos, cuento tres….

Y él dice:

_ Y así es como funciona. Solo. Con gente. Solo. Con gente.

Estamos en una habitación sola por la mudanza. Hace mucho calor. En el suelo solo queda un colchón y un petate destrozado por las pulgas. Manchas y cicatrices en la piel confirman que hubieron fotografías viviendo en la pared. Algunas colillas de cigarro. Un televisor en el piso con su antena. Gore para relajarse. Un aparato de DVD. Y ninguna buena razón para seguir aquí y ahora.
Hablamos de la carretera y el viaje. Hablamos del visor panorámico. Hablamos de ella y su tiempo. Y él habla de una mujer y una hija. Y digo que la literatura funciona. Abrimos un escocés. No hay hielo. Salimos a la calle. Volvemos con hielo. Sin vasos. Salimos a la calle. Volvemos con dos vasos. Enciende un cigarrillo. Y él dice:

_ Y funciona, pero solo si uno no se queda demasiado tiempo varado en uno de los dos lados. A solas. Con gente. Realidad. Ficción. Es un ciclo. Comedia. Tragedia. Luz. Oscuridad. Se definen entre ellos.

Nos quedamos un rato en silencio. Agita su vaso. Y Chuck dice:

_ Soy tu última visita. Abandona ya este lugar.

Chuck bordea el televisor. Reconoce el polvo. Sujeta una fotografía. Sonríe. Reconoce una historia. Y dice:

_ El problema de todas las historias es que se cuentan después de que hayan pasado.

Y agrega:

_ Otro problema es el que las cuenta.

Y yo cuento cuatro, cuento cinco, cuento seis…

Volvemos a leer juntos el anuncio:

ATENCIÓN, CLIENTES DE LA GRANJA DE CACHORROS FALLING STAR

Dice:
“Si su nuevo perro le ha contagiado la rabia a algún niño de su casa, puede usted reunir las condiciones para entablar un pleito por demanda colectiva”.

Chuck dice:

_ Piensa en el aire acondicionado.

Y pregunta:

_ ¿Has pensado en el aire acondicionado?

Vuelve a contar su historia. Abro otra ventana. Y cuento siete, cuento ocho, cuento nueve… Y dice:

_ Resultó que a la tarjeta de la revista no le pasaba nada…

Y reímos. Y sé que todo es importante. Para él y para mí. Aquí y ahora. Tomamos las escaleras. Nos despedimos. Deseo que todo pase. Desea que todo pase. Y yo dejo de contar. Y él dice:

_ Termina con el libro. Y también termina con eso.

Y sonríe. Y voltea. Y dice:

_ ¿Usarías el canto sacrificial?

Y sus ojos azules brillan por última vez.

POSDATA: Abordé un taxi en la quinta cuadra, correctamente pintado y con farol. El chofer tenía unos 46 años. Trataba de ser amistoso. Recordaba que había sucedido un accidente en las seis cuadras siguientes. Que tendríamos que tomar otra ruta. Que llevaba un paquete mediano en dirección contraria. Volteó a mirarme y empecé a dudar. Dije algo que ya no recuerdo. Abrí la puerta y me tiré de un golpe. Caí pesadamente sobre el asfalto mojado. Corrí como un paquete mediano en dirección contraria. Mojado.
Al llegar a casa mi madre me informa que el tío Rodrigo se comunicó con ella por Nextel. Que yo no me daba cuenta que estaba en su auto. Que volvía a llamarme paquete mediano luego de 20 años.

Que yo estaba a salvo.

2 Comments:

Blogger f.d. said...

Aun en los recuerdos y la nostalgia, los brillos continúan.

PD: Eran las 11y 45 de la noche y subí a un taxi con destino a casa. El chofer me producía desconfianza. Luego, por las inmediaciones de la av La Marina, me dijo q por favor subiría su colega pq salía de trabajar, el cual estaba casi frente a nosotros. No sé en q estuve pensando y por alguna razón nodije nada y el sujeto subió. Pero si el chofer me producía desconfianza, el tío q subió si q tenía pinta de ser de alguna banda de maleantes: era gordo, moreno, con camisa y zapatillas blancas, y tenía un celular en la mano y en uno q otro momento me miraba de reojo. Y comenzó el espanto.
Los ticos en la panamericana son rápidos pero inseguros, me dije. Y el taxi avanzó 20 segundos más y hubo tráfico de autos, camiones y ómnibus. El taxi se tiró más a la derecha (casi rozando el cerco de la fábrica de motores) para avanzar, todo a paso de tortuga por la aglomeración. A nuestro costado un CIVA que nos tapaba la vista de la carretera paralela, la de sur a norte, la de la tragedia. Y el ómnibus avanzó y ocupamos su lugar. El panorama era desolador y horroroso: una sábana de vidrios, gasolina, aceite, gaseosa y sangre cubría la carretera. Docenas de cajas rojas y botellas de cocacola regadas en el pavimento producto del choque entre un camión que cruzaba y un ómnibus que venia de Lima. El camión volteado de costado y con la trompa destrozada; el ómnibus empotrado contra un poste que a su vez se fue contra una pared, con pasajeros que gemían y gritaban asustados. Y el chofer del camión (pobre chofer) estaba inmóvil (ojala no muerto), con la cara destrozada, toda ensangrentada y atrapado dentro de aquellos fierros retorcidos q difícilmente olvidaré. No había policías, no había bomberos, no había ambulancia, el accidente no tenía ni un minuto cumplido de ocurrido. Quise bajar, quise ayudar pero no lo hice. Entre en pánico. Fui un cobarde. Además el taxista no se animaba y otros taxistas se estacionaron y comenzaron a acercarse junto con otras personas para sacar al chofer (mi excusa, claro).
Pasamos el accidente y a la altura del puente comenzamos a conversar los 3 sobre lo ocurrido. El taxista informó por radio que se suscitó un accidente ala altura del grifo panamericana, cerca al puente de moche; pero parece q no captaron bien el mensaje; entonces el "segundo pasajero" (sí, el tío gordo) sacó su celular y llamo a emergencia, avisando de lo ocurrido, y le contestaron que ya fueron informados, que la ambulancia con los bomberos van en camino. Hicieron algo q tampoco pude hacer. Los ladrones, según yo.

A minutos para hoy, martes.

3:21 p. m.

 
Blogger coque ayala said...

Pasé por ahi en la tarde y volviendo de las delicias pude ver el muro ese aprista destrozado y hubiese preferido ser yo quien lo hubiese tumbado. y me enteré que lo causó un camión y que no hubo sobreviviente alguno en el accidente.
Y eso de los taxis es una paranoia total, comprendo. Prefiero usar mi bici. Pero deberíamos hacer algo.

9:25 p. m.

 

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